
Deje de permitir que su espacio al aire libre quede frío (y pierda dinero)
Es una situación frustrante: un hermoso área para comer al aire libre que queda completamente vacía, solo porque es noviembre. La mayoría de las personas intentan solucionar esto con calentadores convencionales, pero estos son inútiles tan pronto como sopla el viento. Intentan calentar el aire, pero el viento se lleva ese calor de inmediato.
Por eso utilizamos calentadores de infrarrojos. En lugar de luchar contra el viento, estos calientan directamente a los invitados y a sus sillas. Es como estar sentado al sol en un día de primavera. Sus clientes permanecerán calientes, y sus mesas seguirán llenas, incluso cuando la temperatura baje drásticamente.
Diseñados para resistir las condiciones extremas
Seamos realistas: los equipos para uso externo sufren mucho con la lluvia, la escarcha, el polvo, etc. Si compra un equipo barato, una sola tormenta puede dañar sus conexiones eléctricas o hacer que la carcasa se oxide.
Nosotros optamos por equipos con clasificación IP65. En términos sencillos, eso significa que sus componentes internos están bien sellados contra el agua y la suciedad. Esa es la diferencia entre un calentador que dura años y uno que se daña ya en su primera utilización.
El efecto de calor instantáneo
Nadie quiere esperar diez minutos para sentirse cómodo. Quieren sentir el calor desde el momento en que se sientan.
Utilizamos calentadores de ondas cortas de infrarrojos, porque son rápidos. Realmente rápidos. Cuando los invitados sienten ese calor inmediato, se relajan. Se quedan para tomar esa segunda copa de vino o un postre que no planeaban pedir.
Un consejo: estos calentadores consumen mucha energía. Antes de invertir mucho dinero, revise sus paneles eléctricos. Si su sistema eléctrico no es lo suficientemente robusto, podemos programar el encendido de los calentadores de manera gradual, para evitar que se fundan los fusibles y que todo el espacio quede a oscuras.
Elegir la ubicación adecuada
Los clientes se van si hace frío. Es así de simple. Al mantener una temperatura constante, la gente se queda más tiempo, y sus ingresos aumentan.
Pero aquí está el truco: la ubicación es clave. Si instala los calentadores demasiado bajos, quemará las cabezas de sus invitados, mientras que sus pies seguirán helados. Si los instala demasiado altos, el calor desaparecerá antes de llegar a las mesas.
Se trata de encontrar ese equilibrio perfecto donde el calor sea cálido, acogedor… y, sobre todo, rentable.